domingo, 22 de enero de 2012

EL SALMO DE NEFI: Un documento posterior a Lehi

Autor: John W. Welch

Desarrollando las ideas presentadas en los últimos tres boletines de FARMS, el presente informe examina un ejemplo de cómo el relato que se encuentra en las planchas menores de Nefi refleja la época y las circunstancias en las que fue escrita. La magistral meditación de Nefi en 2 Nefi 4:16-35 se vuelve más intensa y viva si nos damos cuenta de que este salmo fue escrito cuando Nefi se sentía dolorosamente vulnerable después de perder a su padre.

Poco después de bendecir a su posteridad, Lehi murió en la tierra de su primera herencia (2 Nefi 4:14). "No muchos días después?, Lamán, Lemuel y los hijos de Ismael se enfadaron muchísimo con Nefi (2 Nefi 4:13; 5:1-2). El lamento de Nefi de que estaba enojado "a causa de mi enemigo" (2 Nefi 4:27, 29) se refiere más directamente a sus hermanos rebeldes, sus únicos "enemigos" conocidos, quienes, como el salmo recuerda, habían sido confundidos en una ocasión y habían llegado a ?temblar delante de? Nefi (2 Nefi 4:22; ver 1 Nefi 17:52-54). En esta ocasión, al aumentar de nuevo las tensiones con sus hermanos, Nefi anhelaba ser rescatado una vez más.

En su salmo, Nefi se regocija porque Dios le había preservado "sobre las aguas del gran mar" (2 Nefi 4:20). Estas palabras recuerdan el seguro viaje que realizó el grupo y también cómo Nefi se libró de los inicuos designios que sus hermanos tramaban respecto a él. En conflictos anteriores con sus hermanos, Nefi pudo contar con el apoyo emocional de Lehi; pero después de la muerte de su padre, Nefi tuvo que armarse de valor él solo, por lo que su salmo habla con fuerza en primera persona: "Mi Dios ha sido mi apoyo; me ha guiado . . . . Él ha oído mi clamor durante el día, y me ha dado conocimiento en visiones durante la noche." (2 Nefi 4:20, 23).

Estando muerto Lehi, cada mención que se hace en las planchas menores que compara Nefi con Lehi (por ej. 1 Nefi 14:29; 17:44) cobra nuevo significado. Cada profecía de que Nefi llegaría a gobernar sobre sus hermanos, cada comentario sobre la iniquidad de sus hermanos y cada predicción acerca de la caída de la posteridad de los mismos, presta fuerza a la legitimidad y justicia de la posición de Nefi como sucesor de Lehi. Por consiguiente, el salmo de Nefi refuerza varios vínculos entre Nefi y su padre fallecido. Así como Lehi había tenido visiones, también las tuvo Nefi (1 Nefi 1:8; 2 Nefi 4:23). Así como se le aparecieron ángeles a Lehi, también ministraron a Nefi (1 Nefi 1:11; 2 Nefi 4:24). Y así como Lehi había implorado misericordia al Señor, también lo hizo Nefi (1 Nefi 1:14; 2 Nefi 4:26).

El sentido salmo de Nefi refleja, sobre todo, el profundo pesar que sentía en el momento en que lo compuso (2 Nefi 4.17, 19). Aunque desvió este pesar hablando de sus propias "iniquidades" (2 Nefi 4:17), probablemente fue la muerte de su padre lo que le hizo sentir tan profundamente su propia mortalidad y sus propios sentimientos de incapacidad.

Sabiendo que el alma de Lehi estaba descansando, Nefi incluyó varios pareados poderosos poniendo énfasis en el despertar de la expiación del Señor. Exclama: "¡Despierta, alma mía!" (2 Nefi 4:28). Alaba a Dios, "la roca de mi salvación?, y suplica ?¿redimirás mi alma, oh Señor?" (2 Nefi 4:30, 31).

Nefi terminó su salmo con una fuerte confianza en que el Señor también le libraría de sus enemigos (2 Nefi 4:31, 33). Después de la muerte de su padre, Nefi sabía que tendría que confiar solamente en el Señor al enfrentarse a los desafíos que suponía el asegurar la paz y la prosperidad de su pueblo (2 Nefi 4:34).

Es un gran tributo a la espiritualidad de Nefi el que él pudiera sobrellevar tantas penalidades reuniendo una creciente fe en Dios. Las planchas menores se escribieron para cubrir muchas necesidades que surgieron después de la muerte de Nefi. El salmo de Nefi encaja particularmente bien en este contexto posterior a Lehi.

jueves, 8 de julio de 2010

Cayendo en la trampa - Élder Sterling W. Sill



Cayendo en la trampa

Por el élder Sterling W. Sill

La primera guerra mundial fue fructífera en lo que respecta a la invención de métodos nuevos y más eficaces para destruir al enemigo; y particularmente las innumerables maneras en que se emplearon los explosivos para causar la muerte. Se arrojaron bombas desde el aire, se emplearon como barrenos para ocultarse en la tierra; fueron arrojadas como granadas de mano. Se depositaron debajo de la superficie del mar para causar la destrucción repentina de la nave que chocara contra ellas. En la tierra, ocasionalmente se minaba debajo de las trincheras del enemigo para poder destruir a los hombres e instalaciones desde abajo. A veces, en un lugar donde se sospechaba un avance, se colocaban numerosos barrenos, escondidos en la tierra. Llegado el momento del ataque, el otro partido retrocedía hasta que el enemigo se encontrara en la posición más vulnerable del terreno minado; entonces se hacían estallar los barrenos y los soldados enemigos eran despedazados.
Uno de los más diabólicos instrumentos fue un aparato al cual los soldados norteamericanos dieron el nombre de booby trap, que literalmente significa “trampa de bobos”. Se trataba de una máquina explosiva que tenía por objeto engañar a los soldados para que inadvertidamente se destruyesen a sí mismos. El diccionario dice que un “bobo” es una persona de muy corto entendimiento; necio, tonto. El nombre de este artificio infernal da entender este instrumento mortífero tenía los mejores resultados con aquellos soldados poco precavidos que solían cometer alguna tontería.
Estas trampas usualmente tienen una pequeña bomba oculta, colocada de tal manera que la hace detonar la misma víctima con algún movimiento brusco. Es decir, se incita a la víctima a que levante algún objeto, al parecer inofensivo, al cual se ha fijado un detonador. A veces el enemigo retrocedía intencionalmente abandonando territorio, trincheras, cuarteles, etc., donde previamente se habían dispuesto estas trampas. Cuando el ejército que venía avanzando ocupaba estas posiciones recién abandonadas y los soldados empezaban a tocar o levantar artículos, o pisar donde no debían, las bombas ocultas estallaban, matando a unos e hiriendo a otros, destrozándoles brazos, piernas y caras. Con esto so sólo se lograba matar a los soldados enemigos, sino que era tan grande el número de los que resultaban gravemente heridos, que llegaban a ser una pérdida más seria que aquellos que morían en el acto. De este modo se contenía el avance del ejército entero.
Sin embargo, el uso de esta clase de trampas no se limita a las guerras entre las naciones. Esos mismos “cazabobos”, de una clase u otra, han estado destrozando a la gente, retardando su progreso o destruyendo su felicidad y eficacia como directores desde el principio del mundo. Por ejemplo, se ha dicho que el pecado es el “cazabobo” del diablo.
El diablo se deleita en cazar a los bobos, y es sumamente astuto cuando se trata de ocultar aparatos mortíferos destructivos debajo de señuelos atractivamente dispuestos. Su especialidad es derrumbar la fe, echar por tierra la moralidad y estorbar la industria y entusiasmo productivos. Es particularmente diestro en llenar de barrenos el terreno sobre el cual estamos a punto de avanzar. Nos induce a que levantemos un poco de desánimo, falta de honradez, pensamientos negativos y dos o tres hábitos malos. Entonces, tarde o temprano, tocamos el detonador y la explosión resultante destruye el fundamento mismo de nuestro éxito.
Al diablo nunca le faltan estas trampas. De hecho, hace que estas máquinas infernales compitan la una con la otra para ofrecer las tentaciones más atrayentes de destrucción.
El diablo se deleita en cazar a los bobos, y es sumamente astuto cuando se trata de ocultar aparatos mortíferos destructivos debajo de señuelos atractivamente dispuestos.

Solemos enamorarnos a tal grado de estas creaciones del pecado, que las estrechamos contra nosotros mismos y así comprimimos el disparador invisible que hace volar las entrañas de nuestro éxito.
Judas cayó en la trampa que tuvo por anzuelo treinta piezas de plata. Demas, uno de los compañeros de Pablo en la misión, también fue derrumbado innecesariamente de su alto lugar. El Apóstol dijo de él: “Me ha desamparado, amando este mundo.” (Véase 2 Timoteo 4:10) Pilato cayó en las redes de su propia ignorancia. Le preguntó a Jesús: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38), y entonces, sin esperar la respuesta, salió del cuarto. El hijo pródigo se apartó de su familia para ir a un lugar donde podía ser un bobo prodigioso. Solamente unos “pocos” pueden atravesar el territorio lleno de barrenos de Satanás para alcanzar el reino celestial.
Uno de los aspectos de esta situación que más desanima, es que nunca parecemos aprender debidamente de la experiencia. Todavía tenemos que palpar lo recién pintado, por decir así, y poner la mano sobre la estufa candente para ver si verdaderamente está candente. Aún podemos entrampar a un ratón grande con un pedazo pequeño de queso. En la misma forma, más o menos, los más palpables “cazabobos” del pecado están causando grandes destrozos.
Estos artificios de Satanás son de todo diseño imaginable, y hay gran abundancia de ellos. De hecho, hallamos casi la misma cantidad de trampas que de bobos. Todos recordamos la trampa en que cayó Esaú. Una noche le dio hambre y vendió su primogenitura por una olla de potaje. Esta idea particular ha sido tan eficaz que Satanás la ha empleado una vez tras otra. Esaú fue engañado porque la bomba se hallaba oculta detrás de la antigua “falsa perspectiva” que causa que todas las cosas cercanas parezcan grandes e importantes, y todo lo que está en la distancia, pequeño y sin importancia.
Es decir, si fijamos la vista en una fila muy larga de postes de teléfono, cada uno parece disminuir en tamaño, al aumentar la distancia, hasta que por último, el que está en el horizonte da la apariencia de ser del tamaño de una cabeza de alfiler. Parece ser cierto; nuestros ojos nos dicen que es cierto… y sin embargo no es verdad. Podemos demostrarnos a nosotros mismos esta falsa perspectiva en diversas maneras. Por ejemplo, si acercamos una moneda de 10 centavos a nuestros ojos la estrella más grande que se encuentra a millones de kilómetros de distancia; una moneda más grande ocultará el sol. Esto no significa que el peso sea más grande que el sol, sino únicamente que lo tenemos más cerca de los ojos.
Es muy fácil descubrir esta decepción en lo que concierne a la distancia; pero no es tan fácil ver el mismo engaño en lo que toca al tiempo. Preguntemos a un niño pequeño si prefiere una moneda de diez centavos hoy o una moneda de un peso al día siguiente.

Si acercamos una moneda de 10 centavos a nuestros ojos la estrella más grande que se encuentra a millones de kilómetros de distancia; una moneda más grande ocultará el sol.
La olla de potaje le pareció más importante a Esaú en ese momento, que la estimada primogenitura en los años futuros. No pudo evaluar correctamente las cosas que no estaban al alcance de su vista.
Sin embargo, ¿cuántos de nosotros cometemos errores iguales? Todos los días permutamos algún éxito y felicidad por una olla de potaje que apetecemos hoy.
Alguien ha dicho: “El cielo está bien; lo que pasa es que está muy lejos.” Muchos venden su salud y dinero por la ilusión que ofrece el licor. Algunos están dispuestos a padecer una muerte cancerosa en lo futuro a cambio de su ración diaria de nicotina en la actualidad. Muchas personas se endeudan innecesariamente, si no les exigen los pagos enseguida. Hacemos muchas otras cosas malas simplemente porque no se nos castiga en el acto. El noviazgo, y aun el matrimonio tampoco están libres de trampas. La incitación de lo presente tiene un atractivo tan grande, que si no estamos atentos y firmes, la vida misma puede estallar en nuestra cara.
Con frecuencia puede inducírsenos a cambiar aun nuestras mansiones en los cielos, si Satanás ceba la trampa con un poco de nuestro queso favorito en la actualidad.
También nosotros podemos perder nuestra primogenitura si no tomamos en consideración esta falsa perspectiva. Aun cuando nuestra vista física sea perfecta, todavía caeremos con los ojos abiertos en las trampas más evidentes, si sobre el castigo ay un letrero que dice “postergado”.
Aun el ser consignados al infierno no es cosa tan grave para algunos, si es que no tienen que ir allí enseguida.
El Fausto de Goethe, cayó en una trampa peor que la de Esaú. Este vendió su primogenitura por una olla de potaje; Fausto vendió su alma por una promesa de veinticuatro años de placeres. Quizá nos parezca que mi aun el bobo puede llegar a tal insensatez; pero debemos recordar que en estos “cazabobos”, el peligro no siempre está a la vista. La razón por la cual es tan popular este pecado destructivo de la demora es que la bomba yace oculta en la distancia, es decir, uno meramente aplaza la acción lo suficiente para disminuir el tamaño de su importancia al grado de cesar de espantarnos. El deber que tenemos que cumplir hoy suele parecernos tan grande, que nos domina; sin embargo, dejémoslo para “mañana”, y hasta tiene la apariencia de haberse resuelto. ¡Qué día tan importante va a ser “mañana”! Es cuando vamos a llevar a cabo todas las cosas que hemos prometido hacer hoy. El que demora es un bobo; el perezoso es un bobo; el que no ve más de lo que tiene por delante es un bobo; y tarde o temprano una de estas bombas estallará en sus órganos vitales.

Fausto vendió su alma
por una promesa de veinticuatro años de placeres.
El que deliberadamente entra en una de estas trampas es un bobo, al igual que el que juega continuamente con ellas. Aunque no se pueda ver el fulminante, es sumamente peligroso jugar con estas trampas. También lo es el coquetear con malos hábitos, aun cuando son pequeños. Las cosas que son pequeñas hoy tienen la costumbre de llegar a ser grandes mañana. Sobre todo, basta con un pequeño mal hábito o mala actitud para conducirnos al terreno que el enemigo ha minado. Entonces, cuando estemos en el sitio más vulnerable, se hace estallar la carga y nuestro éxito puede ser hecho pedazos y nuestras esperanzas se desvanecen con el humo. No importa que sea pequeña la bomba que esté oculta detrás del mal hábito, todavía tiene suficiente fuerza para destrozar nuestra vista y arruinar nuestro criterio. La granada de mano es pequeña: pero más vale no tenerla cerca de uno cuando hace explosión.

Hace algún tiempo, un hombre expresó que deseaba ser más activo en la Iglesia. Parecía tener la facultad de ser una persona muy capaz. Al principio yo no podía entender por qué no había llamado para ser Obispo o Presidente de estaca; pero en una ocasión que lo visité, supe que algunos años atrás había caído en la trampa de la bebida, la cual había estallado en un accidente automovilístico bastante serio que destrozó una vida. Había adquirido el hábito de pensar mal, y esto la había conducido al terreno minado de la inmoralidad. Había habido una “explosión conyugal” que afectó a cinco menores de edad. Los gastos y angustias consiguientes derrumbaron su posición económica, y su vida entera fue reducida a escombros. Sin embargo, siempre había tenido la intención de hacer lo bueno; realmente quería hacer lo correcto. Pero no era muy prudente y continuamente estaba cayendo en la trampa.
Si uno pudiera pintar un cuadro físico de la espiritualidad de este hombre, quizá se podría representar con los brazos mutilados, sin ojos, las piernas hechas pedazos y lo que quedaba, tan lleno de cicatrices que casi no tendría valor. Su deseo actual de empezar de nuevo era muy loable, pero ¿cómo esperar lograr el éxito? Tiene las desventajas del que busca un empleo que pague bien, pero que se halla tan mutilado que resultaría contraproducente ocuparlo.
El desánimo es una de las trampas más eficaces de Satanás. Cuando permitimos que nuestros caprichos se propasen, no tardan en estallar en nuestra cara. Mengua nuestra industria o viene un decaimiento mental o espiritual, y a menudo no podemos sobreponernos. Satanás entrampa a mucha gente porque no sabe cómo conducirse cuando ocurre esta “marea baja” en sus vidas.
Con frecuencia los bobos se reúnen y se destruyen unos a otros, combinando su manera destructiva de pensar y su mal ejemplo. No hay cosa tan común como grupos pequeños de personas que continuamente se incitan unos a otros a travesear con la maldad y jugar con el fracaso. Por ejemplo, todos saben que no es bueno fumar. El Señor ha aconsejado que no se haga. Es costoso, es perjudicial y difícil de abandonarlo. Sin embargo, con los ojos bien abiertos, los miembros de un grupo se incitan el uno al otro a usarlo, hasta que un hábito que destruye el alma estalla en su cara. El vicio de beber es el queso con que el diablo ceba sus trampas para cazar bobos en grupos. La mejor manera de evitar ser destrozado por una de estas trampas es no tocarla. La mejor manera de evitar ser un borracho es no aceptar la primera copa.
Sólo hay dos clases de alcohólicos: los que pararían si quisieran, y los que pararían si pudieran. El que bebe no está sino ensayando para ser un fracaso.
¿Qué opinión tendríamos de un jugador de básquet que se pusiera a ensayar a no encestar la pelota? ¿o un vendedor que pasara su tiempo poniendo cuanto estorbo pudiera a sus ventas futuras? ¿Y qué opinaríamos de un hijo de Dios que continuamente estuviese jugando con las cosas que lo conducen al territorio de la destrucción eterna? ¿o qué pensaríamos de un líder que se echara sobre la espalda esas actitudes y hábitos que lo harían fracasar?

Si fuésemos jugadores del deporte más popular de nuestro país, nuestros “errores” se publicarían diariamente en los periódicos para que todos los vieran. Pero el juicio final quizá sea la primera vez en que algunos de nosotros veamos la cuenta completa de nuestros errores. Debemos vigilarnos a nosotros mismos y publicar nuestra propia anotación de “goles y errores”. Así, por lo menos, estaremos informados de estas cosas.
¿Qué opinión tendríamos de un jugador de básquet que se pusiera a ensayar a no encestar la pelota?

Los dones más valiosos de la vida no consisten en lo que podemos obtener de ella, sino más bien en lo que podemos llegar a ser por causa de ella. Cesaremos de ser mutilados por estas trampas “cazabobos” únicamente cuando dejemos de levantarlas para ver si estallarán. No nos dejemos engañar creyendo que nuestros malos hábitos son pequeños. Se desarrollarán rápidamente si seguimos nutriéndolos. Podemos estar seguros de una cosa: no importa que haya sido Satanás, nuestro fracaso o nosotros mismos los que hayamos cebado las trampas, todas estallarán algún día con el mismo efecto mortífero. Entonces descubriremos que no nos quedan más que dos cosas a cambio de todo nuestro afán: el “premio” del bobo, y un bobo.
Artículo publicado en la Liahona de octubre de 1959

7 Ideas sobre el éxito - Élder Sterling W. Sill


7 Ideas sobre el éxito
Por el élder Sterling W. Sill

Nuestras escrituras nos sirven de diferentes maneras. Son importantes por motivo de la doctrina e inspiración que contienen, pero también nos sirven como una especie de “libro de instrucciones” para lograr el éxito. Es decir, nos ayudan a funcionar más eficazmente en nuestros varios llamamientos y responsabilidades. Las Escrituras no sólo nos dicen muchas cosas, sino también nos enseñan cómo efectuarlas con mayor eficacia.
El éxito en los asuntos de la Iglesia, igual que el éxito en otros asuntos, se compone de varias cosas, entre ellas, el conocimiento, la actitud, habilidades, hábitos y rasgos de carácter. Podemos desarrollar éstos con mayor rapidez y beneficio cuando se nos orienta debidamente sobre la manera de proceder.
Cuando verdaderamente fijamos nuestra atención en ideas significantes, éstas tienden a reanimarse en nuestras manos e influyen en lo que efectuamos con una fuerza que anteriormente no tenían. Este fenómeno de fuerza ocasiona la pregunta: “¿Qué es esa ley extraña de la mente que causa que una idea, por mucho tiempo descuidada y hollada como piedra inservible, repentinamente brille con nueva luz y se convierta en un diamante refulgente?”
La cuarta sección de Doctrina y Convenios es una de estas significativas “fórmulas de éxito” que posee una fuerza grande para producir resultados, si se entiende y se obedece debidamente. La sección cuatro se compone de siete párrafos o frases, con un total de ciento cincuenta y un palabras. Uno tarda aproximadamente cuarenta y cinco segundos en leerla. Pero contiene una fuerza inmensamente grande en proporción a su tamaño.
Tomemos cada una de estas siete importantes oraciones, una por una, y veamos qué podemos sacar de ellas para aumentar la eficacia de nuestra obra en el Iglesia.

La primera oración dice:
1.- “He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres.”
Hay peligro de que idea parezca ser tan evidente de por sí y, por consiguiente, algo muy común para nosotros que nos hemos familiarizado íntimamente con la restauración del evangelio. No obstante, en esta gran declaración se encuentra el fundamento mismo de todo el éxito.
El primer principio del evangelio es “fe”, y el primer requerimiento de todo éxito es la fe. Uno tiene que estar convertido antes que pueda efectuar algo que verdaderamente valga la pena. ¿Entendemos verdaderamente el significado del hecho de que el evangelio está otra vez en la tierra, con el poder de llevar a cabo la exaltación de la familia humana?
Cuando este hecho quede firmemente establecido en nuestra mente, nuestro corazón y nuestra vida, todo logro rehace fácil. No sólo debemos sentir y entender la tremenda importancia de las “obras”, sino también hemos de sentir y entender la igualmente tremenda importancia del “obrero”. Algunas veces la gente no puede distinguir entre los dos, y juzgan la importancia de la obra por la clase de vida de los que la están llevando a cabo. Algunas veces se ha dicho que la única Biblia que otras personas leen es la Biblia de nuestras vidas.

Esta primera oración de la sección cuatro encierra otra consecuencia significativa en el sentido de que podemos participar en esta obra maravillosa al grado que queramos. Podemos alcanzar la bendición que deseamos si estamos dispuestos a vivir por ella.
Sin embargo, muchos de nosotros fracasamos en alcanzar nuestras posibilidades máximas, simplemente porque no entendemos verdaderamente la trascendental importancia de esta “obra maravillosa”. Esta es la mayor y última de todas las dispensaciones del evangelio. Las otras dispensaciones han sido destruidas por la apostasía. Pero nosotros hemos sido reservados para tomar parte en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la dispensación que preparará el camino para la gloriosa segunda venida del Señor. ¿Nos viene al pensamiento otra cosa del mundo que sea más emocionante que esta idea? ¡Cuán vigorosamente deberíamos estar desempeñando nuestra parte en esta obra maravillosa con una correspondientemente maravillosa habilidad y devoción!
José Smith inicia la dispensación del cumplimiento de los tiempos

La segunda oración dice:
2.-“Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día.”
Cuando iniciamos una empresa tan importante como la obra de Dios, tanto nuestro Padre Celestial como nosotros mismos debemos tener la seguridad de que nos esforzaremos con toda el alma. Debemos determinar, de una vez por todas, que nuestro servicio será entusiasta, vigoroso, continuo y de la mejor calidad. El éxito no se compone de una devoción fragmentaria ni de un mínimo empeño. El éxito no viene fácilmente al que queda incapacitado por cualquier desánimo o problema pequeño; ni tampoco lo logra aquel que tiene una proporción grande de irresponsabilidad personal.
Igual que la primera oración, ésta también encierra una de las grandes llaves del éxito en cualquier empresa: la habilidad de coordinar todas nuestras facultades en un esfuerzo cooperativo. Esto significa un esfuerzo unido por parte del corazón, la mente y la fuerza física. Servir a Dios con todo nuestro corazón significa que nuestra devoción debe concentrarse y enfocarse sobre este objeto particular.

Servirlo con toda nuestra alma es emplear hasta lo último nuestra determinación y fuerza de voluntad. No significa andar por el camino fácil de la irresolución y la morosidad. Servirlo con toda nuestra mente exige una actitud mental fuerte y positiva. Significa estudio, meditación y decisiones firmes y positivas concernientes a cada uno de los problemas en cuestión. Servirlo con toda nuestra fuerza requiere actividad física vigorosa, persistente y continua.
Mediante este procedimiento de consolidación y acción unida, uno puede concentrar todos los elementos de la eficacia personal en un esfuerzo unido y potente. De esta manera logramos una meta para nuestro propósito. Nuestro esfuerzo llega a ser no sólo sumamente concentrado, sino acertadamente orientado. Hablando psicológicamente, tal persona se compone de una sola unidad, más bien que de un atado de impulsos contendientes y desorientados, sostenidos por el no muy apretado nudo de las circunstancias. La personalidad que se ha consolidado en la forma descrita es capaz de una eficiencia y realización máximas.
3.- “De modo que, si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra;”

Difícilmente se puede imaginar un principio del éxito mayor que éste. Un deseo que consume es la calificación mayor para lograr cualquier éxito. Si nuestro deseo tiene la fuerza suficiente, está segura la realización. Pero si uno no quiere hacerlo, es imposible realizarlo.
El médico juzga la salud física por el apetito de la persona. Dios juzga nuestra devoción por nuestro ‘deseo’ de servir, y lo ha puesto como la calificación principal. Es fácil perder nuestro apetito por las cosas de Dios cuando nos falta el ‘deseo’. Deberíamos llenarnos de emoción con estas doce palabras: `Si tenéis deseos de servir a Dios sois llamados a la. Esto constituye no solamente nuestra oportunidad; es también la prueba grande que cada uno de nosotros tiene que pasar. Tenemos que aprender a tener hambre y sed de justicia. Nuestro deseo mayor es aprender a querer servir a Dios. Debemos desear con mayor intensidad. El deseo es el padre de la iniciativa, la ingeniosidad, ambición y todas las otras virtudes. El deseo es esa cualidad que nos provoca a querer ‘hacer muchas cosas de nuestra propia y libre voluntad’. Todos los demás poderes son inferiores al ‘deseo’.
4.- “Pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma;
Esta es la oración o la frase de la oportunidad. Estamos viviendo en uno de los tiempos de siega más productivos del evangelio en la historia del mundo. No es una época de espigar o de falta reproducción; es la cosecha de grande abundancia.
Comparémosla con las otras dispensaciones. Noé trabajó ciento veinte años y sólo logró convertir a su propia familia. Aun la dispensación que Jesús estableció duró un tiempo relativamente corto, y no mucho después todos los apóstoles habían sido muertos o desterrados y se cumplió la profecía de Isaías: “Porque he aquí, que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos…” (Isaías 60:2).
Más en nuestra época tenemos muchos ejemplos de misioneros que han traído a la Iglesia más personas en un solo mes que Noé en toda su vida. ¡Qué tiempo tan magnífico para estar viviendo! Pensemos en las oportunidades que tenemos de estar en el ‘campo’, en esta época de tan abundante cosecha. Dios nos ayude para que nonos falte fuerza.
5.- “Y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra.”

Una de las calificaciones más esenciales para el éxito espiritual es tener puesta “nuestra mira en la gloria de Dios” Esto significa concentración, significa enfocar nuestra vista en un solo objeto. Cuando empezamos a ver “doble” o “triple”, nos confundimos, y el resultado natural es el conflicto y el fracaso. Las Escrituras dicen: “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” (Santiago 1:8) “Ninguno puede servir a dos señores.” (Mateo 6:24)
Es fácil servir a Dios si lo hacemos con propósito íntegro, todo el tiempo, en cualquier circunstancia. Cuando hacemos las cosas buenas parte del tiempo y las cosas malas la otra parte, es entonces que tropezamos con dificultades. Emerson dijo: “La virtud grande de la vida es la concentración.” No hay conflicto si somos constantes. Debemos llegar a un acuerdo en nuestras mentes sobre lo que es de valor y la dirección en que vamos a caminar, y entonces, concentrar todos nuestro esfuerzos a este fin. No podemos montar dos caballos en la misma carrera. Todos los que lo han intentado han descubierto que tarde o temprano los caballos corren por los lados opuestos del árbol. Pero siempre se puede confiar en que una sencillez de propósito devoto obrará un milagro de realizaciones.
6.- “Tened presente la fe, la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la bondad fraternal, piedad, caridad, humildad, diligencia.”

Hay en la naturaleza aproximadamente cien elementos, incluso el hidrógeno, nitrógeno, carbón, oxígeno, hierro, etc. Estos son los materiales de construcción de la naturaleza. Con éstos, mediante las combinaciones y proporciones correctas, la naturaleza puede formar cualquiera de las cosas materiales del mundo. Alguien ha dicho que en la personalidad humana hay cincuenta y un elementos. Algunos de éstos son la bondad, fe, conocimiento, virtud, piedad, caridad, diligencia y todas las virtudes que el Señor nos insta a que tengamos presente. Cuando éstas se hallan en la personalidad humana, en la correcta proporción y combinación, el resultado es lo que alguien ha llamado “un espléndido ser humano”. La obra maestra de la creación, y a la vez la fuerza más grande del mundo, es un hijo de Dios en su estado perfecto.
7.- “Pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá. Amén.”
Así, con esa facilidad podemos recibir todas nuestras bendiciones. Todo lo que necesitamos hacer es tomarlas. Todos los beneficios del evangelio son nuestros con tan sólo pedir, y la única condición es que los procuremos a tiempo. Desgraciadamente, por lo general no estimamos nuestras bendiciones hasta que las perdemos. Vamos a suponer que tuviésemos que comprar nuestras bendiciones a un precio que nosotros mismos gustosamente pagaríamos para recobrarlas una vez que estuviesen perdidas. ¿Cuál sería un precio justo por ‘el arrepentimiento’, si uno no pudiera arrepentirse? ¿Cuánto valdría el poder vivir para siempre en el reino celestial, si hubiésemos sido consignados a vivir en otro lugar? ¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar por volver a tener familias a tener a nuestras familias, si estuviesen perdidas eternamente? Procuremos establecer un precio justo por el sacerdocio, o el carácter piadoso, o el progreso eterno. ¿Qué valor le pondríamos a un cuerpo celestial, a una mente celestial, a una personalidad celestial, a la oportunidad de vivir para siempre en una tierra celestial con amigos y seres queridos celestiales?
Se han proveído para nosotros estas cosas y miles más. Y, ¿cuánto nos cuestan? La manera de obtenerlas es sencillísima: “Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá”.
¡Qué oportunidad tan maravillosa! ¡Qué ideas tan trascendentales están comprendidas en cada una de estas siete oraciones breves! ¡Qué riqueza y poder espirituales pueden ser nuestros, si vivimos de acuerdo con sus preceptos!
Tratemos de imaginar la transformación que se efectuaría en nuestra eficacia personal, si tan solamente creyésemos y practicásemos estos cuarenta y cinco segundos de ideas sobre el éxito, que el Señor nos da en la sección cuatro de Doctrina y Convenios.

Constantemente debemos recordarnos a nosotros mismos que el asunto principal de la vida es lograr el éxito. No se nos ha puesto aquí para que desperdiciemos nuestras vidas en el fracaso No podemos vivir en el estado mortal más que una vez, y esta vida es sumamente breve. Pero si somos estériles e improductivos en nuestra mayordomía terrenal, tendremos toda la eternidad para recordar y lamentarnos. La gran tragedia de mundo no es los destrozos de la guerra; es que los seres humanos, vosotros y yo, llevamos vidas tan lejos de nivel de nuestras posibilidades.
Por tanto, el señor nos ha dado estas siete ideas esenciales para garantizar nuestro éxito. Debemos grabarlas en nuestras mentes y corazones y músculos, como si el Señor mismo las hubiese escrito para nuestro beneficio individual, y como Él escribió sobre la Liahona para guiar a Lehi en el desierto. La sección cuatro es la importante aguja que nos indica el camino. Si la seguimos, nos conducirá a una maravillosa actuación de nuestra parte en la obra del Señor.
Artículo publicado en la Liahona de mayo de 1958